jueves, 3 de mayo de 2007

El último baile de Cristo


Muchos murieron con Jesucristo el viernes pasado.

Abstraídos desde el Domingo de Ramos hacia una dulce cruz, los difuntos guardaron fidelidad al itinerario de la semana mayor. El lunes, otros más ocupados el miércoles, iniciaron un periplo hacia su santo sepulcro. A diferencia de Cristo, todos resucitaron con guayabo.
La semana que conmemora la pasión y muerte de Jesucristo es considerada por la esfera católica como sinónimo de reflexión, recogimiento, oración y abstinencia. En las callejas de una joven Bruselas, tierra de motos, beisbolistas y picós, en las que el evangelio que impera es el del Ñato –mamá ron-, la praxis demostró lo contrario.

“Esta semana de santa no tuvo nada”

Jesús se marchó bailando

El panteón de viernes en el parque de Bruselas irritó la morada de Tomás Rodríguez, pasajero estelar que asciende al cielo a diario custodiado por la Virgen María y una legión de ángeles.
El único día en que esperaba ascender con Jesucristo por el vía crucis de las doce, Tomás Rodríguez de cabellos nevados, arrugas que dibujan 95 años de tranquilidad, y pupilas lejanas, se encontró con la mortandad organizada por su languidezca vecina Dalia Morales, la popular Matrona de la calle Abadía Méndez.
Rodríguez no concibió que la Virgen estuviese presente en aquella celebración apoteósica de viernes, protagonizada por litros de licor barato y gigantescos parlantes, que esparcieron melodías al punto de extasiar a los presentes hacia una tóxica inconciencia.
Los dioses paganos se transfiguraron en los cuerpos sudorosos y flácidos que se estrujaron mutuamente al unísono del picó.
“Me preocupé por el vía crucis, que a pesar de la resistencia... se perdió dentro de ese vulgar tumulto del pecado”.
Tomás se sirvió un trago por la derrota de una minoría feligresa, ante su tentadora lucha con lo mundano. Poco antes de las 3, se encontraría con un Jesucristo bailador de salsa y Dance Hall en su dormitorio celestial.
Allí el viudo postrado en su rincón sacrosanto donde colecciona desde hace tres décadas cientos de estampas del Divino Niño, figuras de la virgen María, crucifijos, escapularios, y toda clase de artilugios católicos, ofreció un trago de Black and White, su seudo vino, y en honor al santísimo empinó su botella repitiendo “Tomad y bebed todos de él. Haced esto en conmemoración mía”.Tomás participa de la última cena del Señor, cada vez que se sirve un trago de Black Flag (sic), destilado fiel que confunde con un pesticida de su época, en el comedor donde se postra una imagen de la última cena de Da Vinci.

“Si Bruselas despidió a Jesucristo con un aparato bullicioso del demonio, qué tiene de malo que yo lo despida en oración con una copa de whisky?”.La fuerte bebida que se convertiría en el aliciente de Rodríguez desde que inició en la geriatría, lo acompaña a diario después de sus oraciones. “Tomo tres copas mañaneras para matar las lombrices. Tres al medio día como aperitivo, y tres en la tarde por cuestiones sociales, ya que llegan a visitarme mis amistades y tengo que brindarles algo “.

Promesas de cambio y moderación se escuchan cuando cae el mes y Aurora llega con su libreta a cobrar un tercio de su pensión en Black Flags fiados.
***
Ese viernes, cuando cayó el ocaso y por acción divina descansó el picó, gran parte de los hombres yacían en su lecho de muerte. El espectáculo estaba por terminar. El hedor a alcohol impregnaba la noche en que los hombres se sacrificaron por Cristo.
Contrario a Jesús, ni las mujeres ni aquella virgen festiva postrada en el altar central del parque de Bruselas, derramaron una sola lágrima por los caídos.
Regresaría el domingo, día de resurrección.

La resurrección
“¿Viste las cosas que pasan un viernes santo?”.

Definitivamente cosas extrañas suceden. Adagios populares señalan que en el intervalo de la ascensión y la resurrección de Cristo se pueden cometer toda clase de pecados excusados en su ausencia. Para Tomás lo que les sucedió a las primas Marrugo, posterior a las tres de la tarde -hora del ultimo aliento de Cristo-, demuestra que Jesús no se ausenta del todo.
“El viernes santo del 65 donde las Marrugo, comenzaron un festejo cuando en esos tiempos estaba prohibido por la ley popular. Cómo será que en la radio solo tocaban canciones religiosas. Bueno, de un momento a otro estas mujeres se volvieron locas, empezaron a desnudarse, y a gritar que estaban poseídas por Satanás. Mi amigo Elois y yo, nos metimos en la casa de esas brujas, y encontramos a sus niños colgados boca abajo, totalmente desnudos. No nos cabe duda de que las Marrugo estaban poseídas por el demonio. Eso les sucedió por desafiar al viernes santo”.
Tomás vio el festejo del demonio en aquel fin de semana sacro. Las tradiciones y mitos de su época databan en prohibiciones, mandatos o en las rarezas que podían suceder un medio día de viernes. La violación de esas costumbres, suponía un castigo divino. Dicen que lo sucedido en casa de las Marrugo fue más bien por los efectos del cannabis o de un licor adulterado.
***
Aquella mañana Bruselas no se parecía. El silencio estridente me incomodaba. Con la excusa de ir al baño, creyó que no me percaté de la botella escondida en aquella bolsa de manila. Mientras lo esperaba en la terraza saludé a Jose Gregorio, el menor de los hijos de La Matrona; el integrante de Los Esplendidos, lucía unos Ray Ban oscuros de marco fluorescente, y tomaba sigilosamente una sopa de mondongo con Gatorade. El abuelo estaba demorando.
Regresó del baño a medio kilómetro por hora, con su mentón húmedo y su bolsa amarillenta.
-Abuelo. Ya están despertando los caídos.
-Quién, tu tío Rafael?
-No. Él todavía está durmiendo. Y tú para qué escondes la botella? Sácala.

Me mandó a buscar el inalámbrico. Se la pasa todo el día en su mecedora blanca llamando a larga distancia. Dicen que tenía una novia, una masajista. Le iba a regalar un celular. Desde que se dieron cuenta la terraza permanece con llave.

-Hable señor Tomás. La calle lo saludaba enguayabada.
-En mi juventud yo también caí.
-Cómo así?
-No se lo digas a nadie…. Pero a mi me excomulgaron de la iglesia.
-si tu tienes hasta una carta del Papa…
-Es verdad. Por estar bebiendo luego en la tarde del viernes santo, el sacerdote de Arenal nos excomulgó a mí, a los compadres y a los únicos tres policías que vigilaban el toque de queda.
-Quien sabe que estarías haciendo.
-Llegó la Reina Isabel!!!

Entró mi tía Nizla con su alegría contagiosa, unos panes para el Taita y un par de cervezas. Atrás llegaba Martha. Las setenta mecedoras de la casona solariega iniciaron un baile. Las Rondríguez, como las llaman jocosamente sus maridos, aparecieron con sus historias, sus cervezas y sus oracionales. Se despertó Rafael con el bullicio y su resaca. “velo ve, no estaba muerto andaba de parranda”.

Con una sonrisa gentil, el abuelo sacó de la bolsa marrón su botella de Black Flag, y brindó por la resurrección de Cristo.

ANA MARIA CUESTA

2 comentarios:

Eche, yo. dijo...

Un amigo de mi abuela decía que si comías carne de res un viernes santo, te salía sangre en vez de agua por la regadera.

Y si osabas a beber el mismo día, el licor te sabría a hiel.

Nojoda...

Marica, bacano como escribes ;)

Me gustó este relato, crónica o simplemente anécdota, jeje, no sé como se llame :D

Anónimo dijo...

Uyyy...Ana:
Generalmente no me gusta leer, pero viendo este artículo, me pareció que eres excelente escritora y haces que nos identifiquemos contigo y hallemos el sentimiento solemne que tienes hacia "El Taita".
Sumamente interesante la historia...cosas que hasta hoy eran desconocidas, tanto lo que relatas como la maravilla en la experiencia de este señor Gigante, aparentemente inentendible y un tanto lejano para mí.